Liderazgo bajo presión

Liderazgo bajo presión

La crisis del Covid-19 ha hecho que muchas empresas se replanteen su metodología de trabajo y producción. El liderazgo bajo presión, a pesar de que es algo que se viene dando desde hace años, es una de las cualidades que debemos tener más en cuenta cuando hablamos de nuestros directivos y ejecutivos.

Las compañías, que por lo general necesitan cumplir con plazos de entrega, estarán más irascibles que nunca debido a las pérdidas que ya se han empezado a notar como consecuencia del Decreto de Estado de Alarma. Ante una situación que no podemos controlar, ¿cómo mantendremos la calma cuando lleguemos a nuestro tope?

¿Qué es el liderazgo bajo presión?

Dirigir una empresa nunca es una tarea fácil. Además de tener que aprender a gestionar los diferentes conflictos con los que vamos a encontrarnos por el camino, también tenemos que supervisar el trabajo del resto del equipo, motivarlos a que sean cada día un poco mejores y conseguir que los números en negativo prácticamente no existan.

A la capacidad que una persona tiene de gestionar todos estos puntos sin perder la calma y en el tiempo que se le ha marcado se le llama liderazgo bajo presión. Una cualidad que, aunque muchos aseguran tener, solo unos pocos superan en la práctica y es a ese grupo limitado de personas a los que debemos tener en cuenta.

Una empresa, sobre todo en tiempos de crisis, tiene que valorar el personal que sacará adelante el trabajo y hará que el resto del equipo “se ponga las pilas” en cada una de sus labores o funciones. Más que un jefe, el líder es quien se encarga de positivizar un entorno que puede sufrir determinados cambios o alteraciones.

Qué es el liderazgo bajo presión

Malos tiempos, ¿cómo tiene que actuar un líder durante la crisis?

En un momento de crisis la incertidumbre, ansiedad y miedo pueden jugarnos muy malas pasadas pero el liderazgo bajo presión supone que la persona que está al mando sabe perfectamente qué es lo que tiene que hacer y cómo gestionar este tipo de situaciones. Para los que todavía están en base de inicio les dejamos con una serie de consejos:

1. Mantener la calma

En medio de cualquier escenario (incluido ese donde las previsiones no se han cumplido) un buen líder tiene que mantener la calma por encima de todo. Si tú estás al mando de la situación y el equipo es el que sigue las directrices que marcas, en el momento en que pierdas el sentido de la gravedad todo se puede venir abajo.

Pensar antes de actuar por muy complejo que sea el imprevisto es algo que debemos tener muy presente. La capacidad de análisis rápido sobre las diferentes soluciones que podemos acoger es una de las garantías que aporta el líder sobre el resto del equipo. Por más que queramos romper con todo, la idea es que el problema no nos supere.

2. Trabajo en equipo

Todos sabemos que el líder es quien está al frente del problema y seguramente el que tome la decisión final sobre lo que se puede (o no) hacer sin embargo, para una situación de conflicto el trabajo en equipo sigue siendo fundamental. Contar con profesionales competentes que nos ayuden en la ejecución de las tareas es la clave real del éxito.

Es importante no olvidar que el liderazgo bajo presión lo ejerce una persona que solo es una figura más dentro de un equipo. En ese núcleo deben darse la mano todos los integrantes a fin de dar con una solución eficaz que solvente el problema. ¿Tienes a tu lado gente a la que puedes delegar?

3. Buena comunicación

Una buena comunicación es la clave de todo. Tanto en el ámbito laboral como en el cotidiano, hablar claro sobre las cosas o intercambiar impresiones es la manera más rápida que tenemos de llegar al objetivo común. Un líder de equipo, por más formación que tenga, “no es nada!” si no sabe expresar el descontento. La habilidad comunicacional forma parte del grupo de las denominadas soft skills que un líder debe desarrollar para alcanzar mayores niveles de efectividad en sus cometidos.

Ante un problema X, la persona que sabe dirigirse al grupo exponiendo con calma las posibles soluciones es la que conseguirá que los inconvenientes no sean un obstáculo para sus verdaderos propósitos. Perfectas para una situación de riesgo, es a ellos a quien debemos tener en cuenta cuando todo se tuerza.

4. Carácter humano

Cuando hablamos de liderazgo bajo presión, a menudo pensamos en esa actitud dominante y egocéntrica de quien está al mando. Nada más lejos de la realidad, en una situación de crisis lo que tiene que demostrar un buen coordinador es humanidad y sentido común sobre las cosas que están pasando.

La preocupación por las personas así como ser empáticos con la situación no nos hace débiles sino líderes que saben lo que supone una pérdida económica, comercial o de producción. Todo esto, cuando estamos delante de un director de equipo suma en positivo y debemos valorar las aptitudes de cara a las próximas estampidas.

Liderazgo en tiempos de crisis

5. Sentido de la comunidad

La autoridad de cara a un problema sin escuchar las opiniones del equipo es una actitud que no debemos tolerar en ninguna persona que está al mando. Si bien en el liderazgo bajo presión se pide a alguien que sepa llevar al grupo, a la hora de la verdad sabemos que conviene quien medita en conjunto y pide opiniones.

El sentido de la comunidad en un momento de crisis es lo que diferencia al jefe que nadie quiere de un líder que se hace respetar y con el que podemos trabajar. Abiertos a reuniones donde fluyan las diferentes opciones y recursos, cuando los tenemos delante, gracias a la presentación que hacen de sí mismos, sabremos identificarlos.

6. Pequeños avances

La efectividad de cualquier líder se deja ver en esos pequeños avances que hace día a día y sobre los que trabaja para superarse el mes siguiente. Pensar que una persona va a llegar para solventar el problema o sacar toda la producción de un momento para otro es un error de base que debemos dejar de cometer.

En una situación de crisis el líder hace un esquema de cuáles son los pros y cuáles los contras de lo que ahora mismo se está viviendo. Si se están haciendo las cosas bien, por muy desagradable que sea el asunto en unas semanas veremos los primeros avances y a partir de ellos sabremos si quien está al mando cuenta con el perfil idóneo.

7. Preparados para la crisis

Una de las cualidades del liderazgo bajo presión es ver cómo la persona al mando está preparada para una nueva crisis. Aunque hayamos salido victoriosos de la primera no podemos pensar que ya no habrá ninguna más. Por desgracia los negocios suben, bajan y se encuentran con mil obstáculos en el camino hacia el éxito.

El director de un equipo que se anticipa al problema y sabe ver las posibles soluciones antes de caer un peldaño más, es el que cuenta con una visión de futuro hecha para los negocios ganándose la confianza de todos. Diseñar estrategias de prevención o conocer el mercado de competencia pueden ser algunas de sus tareas de rutina.

8. Actitud positiva

Mantener una actitud positiva ante la crisis del negocio es una de las cualidades más importantes de la persona líder. Si el cargo ya de por sí supone lidiar con aspectos conflictivos de menor envergadura cuando todo se vuelva en nuestra contra debemos amoldar el carácter para que la presión del momento no nos supere.

Como líder eres la figura de la que todos están pendientes, el que tiene que dar la respuesta una vez se haya hecho análisis de la situación y con él queden valorados todos los puntos que tenemos a favor o en contra. Si tú no crees que hay algo que se pueda hacer, muy difícilmente vas a conseguir que el resto se ponga a trabajar en una solución.

Liderazgo bajo presión, ¿necesidad de formación a futuro?

La crisis económica que se está empezando a vivir a consecuencia del Covid-19 es una de las peores estampidas a las que nos vamos a enfrentar. La formación en liderazgo bajo presión, teniendo en cuenta el choque que han sufrido muchas empresas, puede ser una buena alternativa para aprender sobre saber gestionar en situaciones extremas y de apuros.

Saber llevar los puntos de venta de todo un departamento, conocer cuáles son sus puntos débiles, hacer una selección de personal competitiva y empática son cosas que suenan muy bien pero que no todo el mundo está preparado para iniciar. La actitud que presentamos ante el conflicto y un buen guión de conocimientos técnicos y especializados pueden conseguir que ese “empleado del mes” dé sus primeros pasos hacia lo que significa la palabra líder.

Formándonos en este aspecto podemos conseguir méritos que ignorábamos y que ciertamente, vendrán muy bien de cara al rendimiento de la empresa. Desarrollar esquemas, acudir a seminarios o congresos de gente respetada son algunas de las costumbres que nos harán escalar buenas posiciones.  Es importante profundizar en algunos consejos prácticos para saber ejercer un liderazgo positivo aprendiendo a visualizar oportunidades y ser capaces de motivar, inspirar y movilizar a los colaboradores tal como comparte Pedro Calvo Domínguez, Profesor de  Recursos Humanos del Executive MBA de la Cámara de Comercio de Sevilla.

El liderazgo bajo presión es una aptitud que se va configurando en la persona -a pesar de que se deben tener valores innatos- encargada de llevar la gestión del equipo. A través de la práctica o experiencia en situaciones límite ganamos mucho terreno pero, si además ofrecemos la posibilidad de aprender de forma práctica y guiada. ¿Cuánto más podríamos ofrecer?

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